10 mayo 2008


He ido a ver SHINE A LIGHT la peli documental de MARTIN SCORSESE alrededor de los ROLLING STONES. Me divertí mucho aunque me sorprendió qué poco tiene de documental en el sentido estricto ya que no se ocupa demasiado del perfil de los protagonistas si no que es mas bien una buenísima retrasmisión de un único concierto en un teatro de NY, con algunos insertos, cuasi humorísticos, de apariciones de los miembros de los Rolling ante cámaras de televisión en distintos momentos de su vida. De manera que no espereis encontrar aquí grandes entrevistas ni sorprendentes revelaciones. Son simplemente ellos, pero su sola presencia en pantalla, los primeros planos de sus rostros, que los macroconciertos nos impiden vislumbrar son ya de por sí una buena fuente de reflexión.

Estos monstruos del showbusiness es evidente que tienen algo que los demás no tienen ni tendrán. Para los que creemos que oscuras fuerzas invisibles nos rodean por todas partes, y que entes inapreciables para nuestros sentidos nos rodean permanentemente, ver a los Rolling en acción a tan corta distancia nos confirman en nuestras sospechas.

Tanto Mick Jagger como Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts son seres superiores en el sentido de que están tocados por una energía y un aura especial. Estos sexagenarios incansables, llenos de una energía desbordante, con todo su pelo, delgados, sin un ápice de grasa sedentaria en sus cuerpos, sonrientes, arrolladores en el amplio sentido de la palabra, abruman al común de los mortales.

Cuando THE BEATLES en la cúspide de su fama, pusieron en el suelo del escenario que formaba la portada de su disco Sargent Pepper el mensaje "Welcome The Rolling Stones. Good boys", (cito de memoria) escrito con flores, sabían lo que estaban haciendo. No era casual. Unidos tal vez por un pacto que coloquialmente diríamos "con el diablo" estaban trasmitiéndonos, en este mensaje, levemente cifrado, que "la fuerza" estaba también con ellos. Qué le vamos a hacer. Yo creo en estas cosas porque tengo razones para creer y porque el tiempo me ha dado la razón. La magia existe.

Verlos, contemplarlos, con la cómoda distancia de la sala de cine, interpretar algunos de sus temas conocidos y un par de ellos habitualmente fuera de programa, es delicioso. Rarezas como oír a Richards cantar dos canciones en solitario, a Wood tocar la slide guitar horizontal típica del country, a Watts hablar y decir "hola" al final del concierto o a Jagger haciendo sus pinitos tocando la guitarra eléctrica en escena bastan para ir, pagar la entrada y sentarse dispuestos a pasar un buen rato. Garantizado.

Eso sí, hay que esperar hasta los últimos veinte segundos para que Scorsese coloque a la peli en su tiempo y la remate con un bucle auténticamente cinematográfico, cerrándola con una pincelada genial, ilusoria, innecesaria, artística, que le exculpa de no haber hecho lo que todos esperábamos: una película documental

...

PD: cuando yo sea (más) mayor quiero ser Charlie Watts

: ]

 



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