06 enero 2008


en mi otra vida. En mi universo paralelo. En mis sueños. Trabajo.
Sí, en mis sueños no dejo de trabajar, de hecho en mi vida paralela, en mi posible vida cuántica, en mi universo de antimateria, trabajo más que en mi vida terrestre. Y trabajo generalmente en el mundo del espectáculo. Al principio no hacía más que repetir en sueños lo que hacía en mi vida laboral terrestre, o sea en el teatro, montando la escenografía un día tras otro, viendo la función con los nervios habituales de la tensión del trabajo frente a un público, en directo. Pero ahora he evolucionado. De un tiempo a esta parte se trata de grandes espectáculos de masas. El último en la Castellana. Mi trabajo era de ayudante del regidor y en aquél mundo absurdo y surrealista desde nuestra limitada perspectiva, le llevaba la petaca del intercomunicador, la batería del walkie-talkie, la pila del 'pinganillo' para entendernos, al regidor jefe de un inmenso desfile. Tenía que cargar con un cable de 30 metros para concederle autonomía. Y es lo que tiene aquél mundo, que, como éste, es imperfecto y cosas que podrían resolverse con la lógica del planeta Tierra allí aún no se han descubierto. Como la tecnología sin cables. Sin embargo hay muchas cosas inmejorables en aquél lugar. Puedo volar. Pensar en varios idiomas. Ser más inteligente o no pagar el alquiler porque casi nunca me acuerdo de esos pequeños detalles y otras banalidades que aquí sin embargo me traen de los pelos cada puñetero día. Otro día estoy en el rodaje de una película. O en un estudio de grabación con artistas célebres. Casi no sé lo que debo de hacer pero mi labor es apreciada y voy arriba y abajo dando ordenes y resolviendo problemas.
A veces el asunto es más complicado y trabajo en un proyecto científico para la comprensión de una nueva especie. Un tipo de roedores blancos, del tamaño de un ser humano, dotados de grandes orejas, pero sin nada de pelo en su cuerpo, que se llaman wannabe. Doy conferencias sobre ellos. Estudio su comportamiento. Explico en diagramas, que previamente he dibujado, sus cuerpos y el funcionamiento de sus órganos. Siempre me han interesado los wannabe. Pero hasta ahora no lo sabía. Hasta ahora no les había dado importancia. Tal vez porque en el planeta Tierra no existen los wannabe, ni se conoce su utilidad, porque los wannabe no son útiles, intrínsicamente, más que para mí, que vivo de estudiarlos en mi otra vida. En mi mundo paralelo. En mi universo en sombras.
En realidad, si lo pensamos bien, por el nombre que tienen, todos somos un poco wannabes. Queremos ser. Queremos ser algo distinto de lo que somos. Deseamos muchas cosas que soñamos y que quisieramos que se volvieran realidad y buscamos los modos de que esos deseos se realicen. Tenemos anhelos y quisieramos verlos cumplidos. Igual que los wannabe.
Soñar con ellos me ha dado una pista. Creo que un día descubriremos que nuestra vida no es más que el sueño de un wannabe perplejo que, quizás, al despertar piense que los habitantes de ese mundo de sus sueños, donde tantas cosas son absurdas, donde esta especie extraña, de orejas pequeñas y con pelo por distintas partes de su cuerpo, algo un poco repugnante si lo pensamos bien, y que él ha soñado se llaman humanos, en el fondo, no son tan distintos a él.
Porque en el idioma de su mundo la palabra humano significa quiero ser...

 



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