19 noviembre 2007



hacer más de dosmil kilómetros de carretera en seis días a causa del trabajo también puede tener sus pequeños momentos agradables y con la intención de dar muchísima envidia a todo el mundo subo esta foto. Hace cuatro días, a las ocho de la mañana, nada más abrir la ventana de la habitación de este hotel, el invierno parecía estar aún muy lejano, sin embargo para volver a casa, esta misma mañana, he tenido que atravesar una tormenta de nieve.

Vivir en hoteles, comer en restaurantes, pasear y perderse por ciudades y carreteras desconocidas tiene su aliciente, es estimulante y al menos para mi tiene de sorprendente el volver a comprobar con qué pocas cosas materiales se puede vivir, qué poco necesitamos para seguir adelante.

Después de seis días casi había olvidado mi casa, casi había olvidado la necesidad de parar, detenerse sin hacer nada. He conducido por media Península la mayoría del tiempo sólo y me ha dado tiempo para reflexionar sobre algunas cosas que se irán desgranando en estas páginas.

Tras contemplar el funcionamiento de los distintos mundos que han pasado ante mis ojos estos días descubro que el fin del capitalismo es imposible. El fin de esta sociedad burguesa que nos ha convertido en esclavos es inviable. No hay salida. Principalmente porque el mecanismo está retroalimentado creando nuevas necesidades, nuevos consumidores que paradojicamente quieren tener lo mismo que han tenido otros antes que ellos, no menos, ni distinto. Los que vienen por detrás, con sangre nueva, quieren lo mismo que siempre, lo mismo que todos los otros. Si toda Europa de pronto viera la luz y una mañana se despertara incendiada por un fervor revolucionario y se diera con alegría al comunismo libertario, serían, en bloque, los emigrantes de Asia, África y América quienes detendrían esa revolución con sus propias armas, con sus propios ideólogos, con sus propias manos... ¿quienes somos nosotros para intentar hurtarles la posibilidad de ser esclavos de las grandes empresas? ¿quienes para impedir que compren en El Corte Inglés el ataúd de diseño con el que siempre soñaron?

He pensado que ni siquiera el fin del mundo va a ser posible a este paso, Ikea, Toshiba, Macintosh, Playstation, Hyundai, JVC, lo van a impedir a toda costa.

¿qué harían sino con los excedentes? No se puede acabar el mundo mientras haya mano de obra barata y compradores baratos. No se puede acabar el mundo mientras quede un solo comprador potencial oculto en la última isla de Nueva Guinea que compre la última cámara digital para grabar esos inolvidables momentos de la Apocalípsis.

No tenemos nada, no poseemos nada. Nuestras posesiones no son más que cables, carcasas de fibra, conmutadores, tarjetas de plástico, ladrillos, papel, neumáticos, formica, todo, todo, lo que un simple tifón puede hacer desaparecer en un segundo y aquí estamos, tan contentos, sentados sobre la losa de nuestra propia tumba planeando nuestras próximas vacaciones... en la luna de Júpiter mientras tarareamos una bonita canción cuyo estribillo dice


somos esclavos, somos esclavos, somos esclavos, somos esclavos...

 



maníasmías








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