El mesías en su propia imaginación, que había soñado con guiar a la Humanidad hasta la última fiesta, que se había imaginado ser Dios y todo, incluído él mismo, su propia creación, que había soñado con destruir el universo con la fuerza de su música, murió a consecuencia de un grano.
Henry Miller en Nexus
a propósito del pianista y compositor teosofista Alexander Scriabin