09 julio 2007


durante la inauguración de mi expo de fotografías, me dice un viejo conocido, viejo a pesar de que apenas hace un año que nos conocemos, que él pensaba que mi anterior exposición, en las salas del Matadero de Huesca había venido dada gracias a mis contactos con ese grupito de intelectuales de postín, que son proa, pendón y baluarte de la cultura aragonesa, con los que he mantenido algunos contactos en este último año. Nada más lejos de la realidad. A mi nadie me ha regalado nada. Y menos que nadie la mafia de la cultura aragonesa, con los que apenas he compartido dos cenas (en una de las cuales las tortillas de patatas las había hecho yo) y medio paseo por el Pirineo. Muestra de esta falta de interés absoluta hacia mi trabajo creativo por parte de la mafia de la cultura aragonesa es que ninguno de dichos personajes se dignó a pasarse por mi muestra ni a manifestar el más mínimo interés por que fuera yo quién expusiera allí. Excluyo de esta consideración a Antón Castro, escritor, (el Juan Cruz aragonés, si se me permite la expresión) que reseñó mi muestra en su famosisímo blog y a Mariano Gistain, periodista y escritor del blog más leído por aquellas tierras, Texto casi diario, quién hizo lo mismo y quién además me escribió un mail agradeciendome la invitación. Esa exposición fué gracias a que CC, de quién soy amigo desde los años setenta, fuera el ex-cuñado de LL, que es, a la sazón, coordinador de dicho centro cultural y con el que ya hace más de dos años venía hablando de la posibilidad de exponer allí mi trabajo, ya que a este le interesó desde un principio, llamándome artista poliédrico, cosa que nunca me habían llamado antes y que le perdono. Lo demás, todo lo demás, absolutamente todo lo demás, el gestionarla, el negociarla, el concebirla, el realizarla, el transportarla hasta allí, el colgarla, el promocionarla y que además gustara, fue patrimonio exclusivamente de mi trabajo, de la calidad de mis obras y de mi esfuerzo.


Si hay algo que he aprendido en los últimos años es que tener este carácter mío, este aspecto, esta expresión facial, si me apuras, solo ha conseguido atraer hacia mi persona una deliciosa mezcla letal de envidia, desconfianza, puesta a la defensiva que concluye con un fingir que no me conocen y que nunca han estado conmigo. No es la triple negación de Pedro, no es el beso de Judas, es, simplemente... que no existo.


Esto, como lo que dije hace unas pocas semanas en este blog sobre el funcionario de la Junta de Castilla-León, antes crítico de arte, y antes aún laureado poeta, Don José María Parreño (que en un futuro no demasiado lejano llegará a Ministro de Cultura o a director del Reina Sofía) su ostentosa forma de ignorar mi obra no hace más que confirmarme que estoy en el camino correcto. Que mi obra es valiosa. Que tengo algo que decir y que las más de las veces molesta, es decir, que soy un gran artista. Resumiendo: Que soy un putogenio.


Nada de lo que digo aquí, en este preciso momento, es producto de mi ofuscación, cada una de mis palabras vienen tras hechos reales, constatables, verificables e incluso alguno documentado, sobre dónde y cómo se mueven los hilillos del poder, y no solo en Aragón. De los pequeños poderes en los diminutos Estados que van configurando seres sin amor por el arte en el mundo del arte, o en el mundillo de los artistas, que es más triste, en esta España que no me vió nacer. Estos pequeños Borgias, carne de olvido en un futuro no muy lejano, que huelen a cena con mantel de lujo, pero que visten como artistas, que se perfuman con amigos caros, carísimos, que apestan a sombra de político a varias leguas a la redonda, pero que hablan como intelectuales, que sucumbirán en olor de cólico hepático, pero que pedirán ser enterrados en sagrado, son peores -mucho peores- que los burgueses liberales de la derechona de camisa azul de raya fina, que crecen como piojos a la sombra del estadio Santiago Bernabeu, para mayor gloria de la zona norte de la metrópoli, y que, previsores, nos preparan un porvenir al que previamente han colmado de sus liendres, vastaguitos dotados de brillantina, billetera de Loewe y coche todoterreno Volkswagen Touareg de ese bonito y original color negronegro inmaculado, desde la cuna.


Soy un bocazas, soy incorregible, soy incómodo, soy yo mismo cada día y cada día más... no obstante y remato, satisfecho como una vaca, parafraseando a Henry Miller, con estas bellas palabras del enormísimo cronopio que fue Erik Satie al terminar su inspirado texto sobre los críticos musicales, ¿Afectará esto a quién dice estas cosas? Es posible, es probable... es seguro.

 



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