14 mayo 2007


maniáticos, si se hiciera una película sobre mi vida me gustaría que reflejara la nevera vacía, solo con dos botellas de Alhambra helándose en la parte más fría, un bote de mayonesa a medias, tres huevos, medio paquete de pasta fresca y una botella de licor de manzana que alguien se dejó aquí y que he prometido a mi higado no tocar. Si se hiciera una película sobre mi me gustaría que saliera el sótano de casa de mi hermana donde se almacenan los montajes tridimensionales que no vendí en mi primera individual en la galería Sen, correctamente embalados en plástico de bolas, en sus urnas de metacrilato, que me costaron casi medio millón de pesetas de las del año 1996, durmiendo, solemnes, como momias egipcias de la clase pudiente. También en ese plano secuencia, silencioso y en penumbra, la cámara bajando por las escaleras, rozando el suelo de hormigón y levantándose al llegar al montón de cajas apiladas sobre unos palés que me encontré en la basura. Entonces se verían varias cajas de cartón de tamaño mediano, rotuladas con un número metido dentro de un círculo cada una. Allí descansan la mitad de mis libros. Los que no caben en mi apartamento de 40m2.

Ahora habría un flash-forward con un rótulo blanco sobreimpresionado que pondría un mes después se me vería a mi, al actor que me interpreta, más guapo y con mejor perfil que el mío, sin afeitar, en mi apartamento de 40m2 escuchando en la radio la cadena SER una mañana luminosa, mientras bebe de un mug negro una gran taza de café solo. Sobre una mesa improvisada con dos caballetes los cerca de doscientos libros de arte, comprados a lo largo de los últimos veinte años, esto se aprecia por un hábil matiz del guión, ya que de dentro de sus páginas salen postales, billetes extranjeros de cuando existía la lira o la libra o el marco alemán, viejas notas en páginas, papeles arrugados, dedicatorias entrañables escritas a lápiz o convencidas firmas de reconocimiento de propiedad propias del adolescente que fui yo hasta hace un rato. El actor va hojeando los libros, apartando en un pequeño montón heterodoxo todo lo que va saliendo de ellas, una hoja de árbol aplastada, un post-it roñoso, etc. y a continuación los va colocando primorosamente dentro de las cajas de cartón vacías.

al cabo de un rato suena el timbre y aparece un tipo alto, con barriga y camisa a cuadros blancos y azules, se diría que le huele el aliento (ya sabes, maquillador, eso es trabajo tuyo) e incluso para hacerle más repulsivo yo le daría un toque de Shilock malvado representante de la raza ironizada por Philip Roth (o Woody Allen sin ir más lejos), al entrar mira con mal disimulada fruicción los montones de libros y deposita en mi mano un fajo ridículo de euros arrugados y viejos. Plano siguiente : el Shilock contemporáneo mete las cajas de cartón, ahora anónimas, sin marcas, con mis libros en la parte trasera de una pick-up, prodigiosamente aparcada en la puerta de la casa donde vive el personaje del que hablamos. Al cerrar el portón trasero del coche se frota las manos como el coleccionista de juguetes en Toy Story en la escena del mercadillo vecinal y arranca. El plano final muestra la trasera del coche alejándose por una calle arbolada, mucho más lujosa que la que vivo yo.

todo esto lo cuento porque las horas pasan esperando una llamada tuya y acabo de ir al cine, solo como siempre, a ver una peli que estaba la octava en la lista (las demás las han quitado todas de la cartelera y no he ido a verlas, porque en realidad ahora, desde hace años, no voy nunca al cine)

he visto Retrato de una obsesión. O sea Fur: an imaginary portrait of Diane Arbus

he ido a verla porque soy un admirador, como cualquier ser humano que haya visto una sola de las fotos de Diane Arbus, de esta fotógrafa que cambió la visión de la fotografía americana de los años 60

la peli es un bodrio absoluto, un tostón, un coñazo total, un aburrimiento soberbio y un intento de hacer una peli freak de mano de un director a olvidar, un mal discípulo de David Lynch. Vacía de contenido, vacía de las fotos de la Arbus. No sale ni una sola imagen hecha por ella, ni, casi, diría yo, su mundo interior

no vayais a verla, es un TIMO de órdago a la grande, porque no es para nada el retrato de una gran artista como era la Arbus, aunque la Kidman, entradita en carnes!!!!! está soberbia y es lo único que vale la pena de toda la putapeli
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