04 septiembre 2006


[ de diversos medios de comunicación, la redacción no es mía ]



Soy Natascha Kampusch, nacida el 17 de febrero de 1988


Asi se presentó Natascha Kampusch ante la policia cuando se escapo de su secuestrador, un hombre que la habia mantenido recluida ocho años en un escondrijo de Viena.

Los austriacos no podían creer ayer el desenlace de un caso de secuestro infantil que ya casi habían olvidado. Uno como tantos otros que terminan con el hallazgo de un cadáver en un bosque. Pero el caso de Natascha Kampusch terminó con el suicidio de su secuestrador, que se tiró delante de un tren de cercanías cuando descubrió que Natascha se había escapado. Después de tanto tiempo, el raptor, un hombre solitario y retraído, había bajado la guardia.
"Él le pidió a ella que aspirase el auto. Entonces él recibió una llamada al móvil y se alejó para evitar el ruido" dijo Gerhard Lang, de la policía federal en una conferencia de prensa, "Natasha aprovechó la situación y escapó".
Cuando se dio cuenta de que había escapado, Priklopil se dirigió a Viena en su deportivo rojo, el cual abandonó en el garage de un centro comercial para después suicidarse saltando frente a un tren en marcha.
Con un sencillo vestido naranja, muy pálida y delgada y con el cuerpo lleno de manchas o moratones, Natascha pidió ayuda a los vecinos. Cuando estuvo ante la policía, se presentó diciendo: "Soy Natascha Kampusch, nacida el 17 de febrero de 1988". La peor pesadilla de su vida comenzó la mañana del lunes 2 de marzo de 1998, cuando se dirigía al colegio a la edad de 10 años. Una compañera del colegio vio cómo subía a un coche blanco, después de lo cual no se supo más de ella.
El secuestrador, Wolfgang Priklopil, ingeniero electrónico de 44 años, fue uno de los más de mil interrogados pocas semanas después de la desaparición de Natascha por poseer un vehículo blanco como el descrito por la testigo. Pero al no detectar nada raro en su declaración, la policía no registró su casa.
Si lo hubiese hecho habría encontrado, en la calle de Heine número 60 de Strasshof, la localidad de 9.000 habitantes cercana a Viena donde vivía en una casa unifamiliar amarilla normal y corriente, pero con puerta de hierro y cámaras de vigilancia, una medida de seguridad desproporcionada en ese lugar.
Los vecinos llamaban a la casa Fort Knox, en referencia a la fortaleza donde Estados Unidos guarda sus reservas de oro. En el garaje hubiesen encontrado una estrecha y empinada escalera que conduce a una puerta de 50 por 50 centímetros, propia de una cámara acorazada, que impedía que los gritos de Natascha se oyeran en el exterior. Las paredes también estaban insonorizadas.

 



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