30 agosto 2006



breve crónica de un verano suicida


sanchidrián, ávila. campo de saltos de paracaidísmo
verano 1982


saltar, mirar hacia el cielo limpio desde tierra y decir yo estuve allí arriba. Saltar desde una avioneta sin puertas a la que llamabamos la furgoneta. Las primeras clases teóricas, de risa, saltabamos desde una silla al césped de la entrada del edificio. Instrucciones: si el paracaidas no se abre, tirar de la anilla del paracaidas de emergencia, si el de emergencia no se abre, rezar. La ley del paracaidista: El paracaídas falla una de cada 1000 veces, pero no sabes si va a ser en el primer salto o en el 999, por tanto siempre alerta. Luego subir arribaarriba la primera vez a 600 metros y decir, mientras oyes el motor y la ves la tierra alejarse de tus pies, he pagado por estar aquí. En cuclillas junto a la puerta el aire golpeando, un poco aterrador, la cara. A una señal el motor del avión se ralentiza, parece que se detiene en el aire un instante y el instructor que está en frente de tí, de rodillas, te mira a los ojos y grita SALTA!

y ahí estás cayendocayendo bonito vacío inconsciencia como metido dentro en una caja, el paracaidas se abre y estás de pronto en la cima de tí mismo, después siempre el mismo gesto, mirar arriba al avión, ver asomando la cabeza del instructor alejandose. Una señal. Todo está bien. Y a volar. A flotar. A gritar. A girar. El horizonte y nada más. El mundo plano allá abajo.

el vuelo dura apenas unos segundos. Lo más sorprendente, hasta que los árboles del suelo no son una referencia de la distancia y la velocidad del descenso, todo parece estar suspendido. Cuando ves la tierra acercarse intentas recordar todo lo que dijeron, flexionar las rodillas, caer de lado, rodar si hacer falta, ahi sí que estás solo, es tu habilidad contra la tierra, te agarras con fuerza a las cintas del arnés y de pronto la velocidad se acelera todo se acerca se acerca ¡estás cayendo! de pronto lo ves claro, estás cayendo del puto cielo y te vas a estampar contra el suelo. Y sí. Es eso exactamente lo que pasa. Cuando te levantas y ves que estás bastante entero, aunque en medio de una zanja, demasiado cerca del camino, suelo duro, un tobillo un poco adolorido, gritas de alegría. Recoges el enorme paracaídas verde extendido por todo el suelo, [entonces empezaban a aparecer los paracaídas cuadrados, que yo sepa ni había parapentes, pero los novatos saltabamos con viejos paracaídas redondos del ejercito llamados por todos el ladrillo, porque donde lo tiras, cae. No hay casi posibilidad de maniobrar, ni de jugar como ahora...] Coño, has caido a un kilómetro del campo y echas a andar hacia la pista, feliz, con todo el aire del mundo todavía latiendo en la cara. Al llegar te reciben con alegría todos los demás, todos te saludan aunque seas uno de los nuevos y el veterano que dice

¿Qué tal? ¿Caiste lejos? Ese es el deporte, chaval, venir andando desde donde caes!



hace 24 años

*

 



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