05 agosto 2005

vida de este chico


Me llama un amigo y me cuenta como novedad que está saliendo con una chica. En su descripción somera por teléfono me dice que "bueno, es una chica normal..." y me quedo pensando... una chica normal, una chica normal... (Al margen, por supuesto, de la cuestión obvia de ¿qué es ser normal?)... concluyo que una chica normal es, hoy en día, querido amigo, lo más anormal del mundo.

Me considero un hombre afortunado. He amado y me han amado. La vida me ha concedido muchas ocasiones para la felicidad y las he aprovechado, sin dudarlo, no obstante, al hilo de esta conversación surge esta reflexión:

Yo en los últimos diez años solo he salido con locas. Salvo mi primera novia, cuando tenía quince años, que todavía, cuando alguna vez hablamos, le digo "eres la única mujer sensata con la que he estado... debería de haber seguido contigo, mi vida habría sido otra", salvo ella, todas las demás fueron mujeres inestables emocionalmente o, en el sentido coloquial, familiar y cariñoso de la palabra, han estado más o menos locas. Por si a alguien le quedara alguna duda, o que mi afirmación pudiera parecer irreverente a más de una, cosa que entendería, les pido juzguen por ustedes mismas.

Al principio, hasta los veintitantos, me di cuenta que todas las chicas con las que había estado hasta entonces tenían un hermano loco. No es una metáfora, me refiero a loco de psiquiátrico, esquizofrénicos, paranoicos. Me asustó pensar que quizás estaban sublimando conmigo la locura que habían tenido en casa con un loco un poco más cuerdo, un artista, como era mi caso. Después la cosa cambió. A peor. Ya no eran los hermanos los que estaban locos, eran ellas. Y claro lo que piensas instantáneamente es no es tanto que yo le guste a las locas, es que soy yo quién se enamora de ellas. No estoy hablando en broma. Lo juro. La que abrió esta etapa, a bombo y platillo, tenía que tomarse un ansiolítico para desayunar porque si no no podía salir a la calle, calmantes durante el día y no podía dormir sin pastillas. Yo la amaba. Aquello terminó como solo podía terminar, convirtiéndose en una locura. La siguiente me contó que había padecido anorexia cuando era una cría pero que ya estaba curada, salimos juntos un año y el amor nos hizo irnos a vivir juntos, fueron dos años maravillosos, disfrutaba de mis guisos y se atiborraba a chocolate. Pasó que entonces, tonto de mí, me enamoré de otra loca que me volvió loco, y dejé a la anterior. (No soy capaz de tener dos historias a la vez) Cuando, tiempo después, conseguimos volver a ser amigos la flacucha y yo, me confesó que mientras vivía conmigo seguía vomitando a escondidas. Loco y crédulo. Two points. Para rematar la loca que me volvió loco era tan caprichosa que no quiso seguir su relación conmigo, una vez que había conseguido el pastelito ya no le apeteció. Me quedé hecho mierda. Y durante un tiempo anduve porloscerrosdeúbeda (esto sí es una metáfora): tuve un flirt con una chica dulcísima y cariñosa que padecía epilepsia, nunca sufrió ninguna crisis conmigo, pero hacer el amor con ella era como caminar por el alambre y además tenía novio. Después tuve una recaída con una ex- de mi etapa juvenil, que estaba saliendo de una depresión porque se acababa de separar de su marido por maltrato psicológico. Luego conocí a una mujer muy sensible, tierna, asentada, con trabajo fijo, casa propia, pero con muchas cosas sin resolver con su familia, que, según mi opinión, la maltrataban. Después de salir durante un año nos fuimos a vivir juntos. Todo era fantástico. Yo estaba en un momento exultante de creatividad y aunque ella era muy celosa yo no le daba motivos para agobiarla de manera que todo iba más o menos bien. Como sufría muchas presiones en el trabajo (y con su familia) fue al psicólogo que le recetó tranquilizantes. Pero la cosa no mejoraba. Un día llegó a casa y me preguntó que por qué su madre se escondía de ella. Que qué estábamos tramando y que le dijera que saliera y se puso a llamarla por toda la casa y a buscarla dentro de los armarios. Me asusté. Tenía alucinaciones. Conseguí que se tomara uno de sus calmantes y llamé al samur. La ingresaron en una unidad siquiátrica durante quince días y me la dejaron como un vegetal. (Todavía me duele al recordarlo) Como era muy fuerte se recuperó en poco tiempo y al cabo de seis meses de baja, período en el que yo fui su amigo, su hermano, su amante, empezó su vida normal. Y los problemas para mí. Empezó a enfrentarse conmigo porque yo le recomendaba que no bebiera, que se tomara las cosas de otra manera. Un día decidió que yo me había enamorado de otra mujer (falso) y me echó de casa. Vale. Me fui. Nunca más ha querido volver a verme. Como por lo visto yo no había sido un chico malo, la divina providencia decidió premiarme con un bello romance no demasiado tiempo después. Una mujer a la que no conocía, que se prendó de mí de modo fulminante, del mismo modo fulminante como me dejó dos meses después. Eps! ¿Qué ha pasado? Ni idea. Se asustó, creo yo, del amor que estaba creciendo en mí. Bueno, no pasa nada, (es un modo de hablar) sigamos adelante. Hubieron algunos saltos de cama aquí y allá y dije: Ya basta. Estoy muy mayor para esto y no me satisface, de manera que decidí cuidarme. Ja. Apareció entonces la locura personificada. Esta ni tomaba calmantes ni estaba en tratamiento. Era una especie de animal, sin límites ni ética ni moral. Dios, me enamoré de ella hasta las patas. Había una atracción bestial entre nosotros, de la que además no había manera de librarse. Estuve con ella dos años y en este período descubrí la formula infalible de como adelgazar diez kilos sin dietas. Cuando conseguí apartar de mi vida esta obsesión yo ya no era ni sombra de lo que había sido al principio de este post. Gracias a mi mucha voluntad (ya que ella seguía persiguiéndome, por teléfono, con mensajitos, mails, miamor, tequiero, bla, bla, bla...) rehice mi vida, que para entonces era más bien unos cuantos escombros diseminados por aquí y por allá. Enero de 2005. Pensé, no quiero más, de verdad, de verdad, ya está bien. Visto el panorama una amiga llegó a sugerirme que me "hiciera" gay. Pero, me da a mi, que uno no se "hace gay" de la noche a la mañana. Hay que tener un cierto talento del que yo carezco, obviamente. Además ¿quién puede elegir de quién se enamora?

Epílogo. Mayo 2005. Mi penúltima historia: ella, cultísima, sabia, bella de cuerpo y alma. Cuando empezamos a intimar vale decir cenar, dormir juntos, desayunar, voy descubriendo que sigue la misma dieta que mi primera loca de verdad: ansiolíticos para desayunar, calmantes durante el día y somníferos para dormir. Uf! Pensé ¿Es que esto es la segunda vuelta o qué? Afortunadamente, para ambos, ella ha tomado una decisión por los dos, esgrimiendo este argumento absolutamente razonable: para que te enamores de otra mujer dentro de unos meses, mejor lo dejamos ahora.

Bingo.

 



maníasmías








mi otro blog es
recuerdosaolvidar
diario de un fotografiador






mis videos en
másmaníasmías











www.luispita.com

elmuseovirtual.com

agregarte.com












estamos enlazados con:

licenciada busca empleo

fotopaco

copsdebec

natura mundi

chica triste

solo cultura libre

las noches de madrid

latido inmortal

el hueso de la cereza

es madrid no madriz

are you lonesome

davichu

ros & ros

elgustoesmio

glenclous

malvisto

omoh sapiens

libertario

sociedadanonima

abandonalia

awake

la sombrilla

adiccions

desde mi ventana

zaragozamonamour

basilia

malicia

herbario

roadside prophets

embryo-spark

chocoadicta

lagrimas secas

maelmori

cafe blog

la cueillete

cascotes

la pulga atomica

pacha locura

venganza morena

pintor,pinta y calla

wikipedia

wikimedia







 

Powered by Blogger

????r??º??T"Weblog
Creative Commons License
ecoestadistica.com