07 agosto 2005

charlottes y bobs



El primer blog que ví en mi vida fué la web de Nacho Vigalondo, actor, guionista y director de 7:35am, el único cortometraje español de ficción en la historia del mundo, si mi memoria no me falla, que ha competido en los Oscars de Hollywood. Por azares de la vida yo presencié parte de este rodaje, ya que un amigo mío hacía un cameo, porque a eso no se le puede llamar papel, en este hilarante y muy recomendable cortometraje musical. De esto va a hacer un año aproximadamente, entonces me quedé sorprendido al ver la web en cuestión: ¡Una web que no era una web estática sino que el autor escribía en ella!, aquello parecía un diario y además mucha gente se comunicaba con Vigalondo a través de él. Me encantó, pero no volví a visitarlo porque quién no conoce el funcionamiento de los blogs lo ve como algo muy distante y perfectamente prescindible. Mi última metamorfosis, de Gregor Samsa a blogger, o sea de cucaracha anónima a escribidor, me ha hecho volver a visitarle y veo que su penúltimo post es sobre la película Lost in Translation. Con su habitual ingenio Vigalondo hace un interesante paralelismo entre la película y cómo se entiende la comunicación hoy en día.

Lo curioso es que últimamente esta película está muy presente en mi vida. Desde hace algún tiempo mantengo una relación de amistad virtual con una mujer al otro lado del planeta que es muy fan de esta película, habla de ella, tiene fotogramas colgados en su propio blog y cuando por fin vió mi (lamentable) aspecto, ya que en un alarde de honestidad le mandé una foto de mi verdadera y auténtica mismidad, me dijo, primero sutilmente, y luego con todas las palabras, que sentía que el azar le estaba deparando una relación paralela a la que mantienen Charlotte y Bob en Lost in Translation. Y es cierto, al menos hay dos cosas que son similares: 1. Ella es infinitamente más guapa y más joven que yo. 2. Ella es sensible e intuitiva y se ríe con las ocurrencias de este tipo aburrido pero con algo que contar desde este poso de mayorez (que no madurez) innegable que acumulo y yo me siento enormemente acompañado por su bella sonrisa y una ternura que adivino, aunque sea en la distancia. Desde hace varios días tengo la intención de volver a revisar los matices de esta película en un segundo visionado, ya que la ví en su momento y experimenté la extraña sensación, me ha pasado dos o tres veces en la vida, de salir de una película sin ningún entusiasmo en especial, (es más me molestó el tópico-típico de producción americana de reirse de lo distinto, en este caso de los japoneses, de su educación, de sus sonrisas, de sus reverencias. Solo le faltaba el chiste tipo La pantera rosa, las de Peter Sellers, de imitar a los orientales con un "honolable señol") pero pasaban los días y la película no se borraba de mi pensamiento e iba ganando cada vez más brillantez y peso. Especialmente la interpretación de Bill Murray, imagino que debe de ser complicadísimo para un actor llenar la pantalla simple y llanamente aburriendose. Una semana después era mi película favorita de la temporada. Qué cosas.
El caso es que ahora mi amiga y yo cruzamos posts, comments y mails que van encabezados por querida Charlotte y firmados por Bob o viceversa.
En la película dos personas que se aburren en un hotel, en una ciudad extraña, viviendo un encuentro fortuíto con escepticismo y con una cierta ironía, jugando a la vez con no traspasar los límites pero sí intuitivamente buscando la frontera, estar cada vez más cerca de la linea invisible que separa la conversación del abrazo. Y en la realidad, mi amiga y yo, dos personas que se aburren en el planeta y ante una pantalla se alivian encontrando un buen par de orejas que te escuchen, que maticen tus pensamientos, que te den una visión del mundo distinta de la conoces pero protegidos, amparados, por la distancia y el medio, comodamente acomodados, cada uno en nuestro rol.

Y vuelvo al post de Vigalondo ya que dice (abro comillas)
"El asunto es que, de un tiempo a esta parte, demasiada gente me ha comparado sus desventuras románticas con Lost in Translation. No voy a quitarle gravedad a esos tornados emocionales que todo Dios sufre en el alba de este siglo veintiuno.
(...)
A priori, resulta inquietante que los individuos de comienzos de siglo nos describamos tan cerca de una historia así. Que situaciones que en primera persona son insoportables y destructivas las comparemos con una historia tan reversible, tan fácil de solventar por sus protagonistas.
Quizá la tragedia real con la que nos identificamos en Lost in Translation es otra, mucho menos específica que un corazón roto. Más de este tiempo, del primer mundo: Nuestros padres palidecen ante la facilidad que hay hoy en día para viajar, saber lo que es vivir en hoteles lejanos, chatear, forear, conversar con amigos de amigos, con desconocidos, con extranjeros. Antes de palmarla, vamos a conocer a un número de gente incalculable hace diez años, en una diversidad de situaciones fuera de control. Y todo eso, en vez de replantear nuestra forma de relacionarnos, nuestras libertades y nuestros complejos, multiplica nuestros miedos, titubeos y errores."

Y llegamos al asunto que quería plantear, ¿este inmenso alarde de comunicación que significan los blogs son una manera de suplir, suplantar, el romance, la amistad, el compromiso, la realidad de nuestra presencia, con todas las miserias que conlleva la proximidad y el conocimiento mutuo?
En este poquísimo tiempo, en menos de un mes, he podido recoger al menos tres casos ¡en tres países distintos! de gente que ha abandonado el blog o ha eliminado los comentarios a sus posts por razones parecidas, bloggers honestos que se lanzaron a esto por desarrollar su creatividad, su escritura y que ahora me dicen, "Los blogs parecen inofensivos pero no lo son" o "Aquí no hay amigos, y sí un montón de psicópatas."
¿Estamos avanzando demasiado deprisa, a un precio demasiado alto y no tenemos aún el control de la nave o es que en esto una vez más solo sobrevivirán los más fuertes? (lease los líderes, los más sagaces, los más sarcásticos pero también los más crueles, los más despiadados, los más amorales)
Al final de Lost in Translation los dos protagonistas se despiden en un abrazo y él le susurra algo al oido que no se oye, ella dice que sí con la cabeza y se separan. No es una escena de amor, sino de emoción por haberse conocido, de un aprecio sincero pero frustrante ya que ese aprecio no ha sido capaz de tender un puente entre ambos lados del abismo que los separa desde el principio de la peli. Seguramente no se volverán a ver nunca más.

Y termino con el brillante final del post de Vigalondo puesto que él es el que inspira esto que pretende ser una reflexión insomne sobre la comunicación/la incomunicación.

"¿Saben qué le dice Bill Murray a Scarlett Johansson al oído al final de la película?


-Mi dirección es bharris@hotmail.com ¿Me agregas al messenger y quedamos esta noche?

Y ella asiente. Fijáos"

 



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