16 julio 2005

ciclos


Imagino que para todos empezar con un blog es la permanente duda:
¿hay alguien ahí?
Yo la presentía antes de empezar con esto... sabía que pasaría.

Pero tengo la sana impresión, como siempre en mi vida cuando iniciaba algo nuevo, de que esto era lo que tocaba ahora.

Escribir, aunque los links no estén activos, aunque no haya haloscan, aunque todo esté manga por hombro, un poco a la española, del tipo de colgando los cuadros mientras la gente hace cola en la puerta, a la hora de la inauguración.
A mi nunca me ha gustado hacer las cosas, así, a la española, como digo yo, y he procurado que no fuera así.
Siempre me ha gustado tener todo ready, si ha sido posible, unos días antes, incluso.

Cuando en 1996 hice mi primera (y única de valor, aunque ruinosa de resultados) exposición individual en Madrid, en la Galería Sen, mi exposición abría la temporada.
Se inauguró el 15 de septiembre, si no recuerdo mal.
Bueno, a lo que iba, yo tenía montada, prácticamente una semana antes, toda la exposición.

¿Maniático? Eso seguro...
o quizás simplemente con una mentalidad distinta de hacer las cosas spanish style -que también se puede decir-.

Eran todo montajes tridimensionales metidos en urnas de metacrilato.
Fué a la vuelta de un verano apasionado de amor y de concentración, de producir mis montajes como una máquina.
Una semana antes estaba en el taller de metacrilato, terminando mi última pieza titulada:

Ciencias de la observación

Un biombo de cuatro cuerpos, unidos por bisagras -como todos los biombos- cada uno de los cuerpos es como una urna de metacrilato transparente, solo que en vertical, conteniendo en su interior, unidas entre sí, ordenadas y dispuestas a modo de cortinas todas las páginas de un libro de ciencias naturales, publicado en Francia en 1938 (y comprado por mí en alguna librería de lance), llamado

Sciencies d´observation.

El biombo recoje desde la primera hasta la última página del libro, lo que determinó su tamaño y altura.
Para redondear el sentido claramente conceptual de esta pieza están taladrados sus cuerpos por doce mirillas (de las de poner en las puertas de entrada de los pisos para cotillear cuando llega el vecino y con quién) orientadas en ambos sentidos de cada cuerpo, de manera que se pueda cotillear en ambas direcciones.

¡Qué éxito! ¡Qué pieza!
¡Cómo le gustó a todo el mundo!

...debe de ser por eso que todavía hoy en día adorna el salón de mi casa...

Gustó tanto que no se vendió.

Demasiado avanzado para su época, decían.
No es ni una escultura ni un montaje.

La crítica unánime aplaudió la exposición.
Pero solo se vendió una pieza.
España no está preparada para tu obra, decían.



el artista ante los artistas (1993)


Al año siguente expuse en Zaragoza, una conjunta con el fotógrafo Javier Esteban, en la Galería Spectrum. Unos minutos antes de abrir las puertas para la inauguración el galerista me confesó, mientras cubría de halagos mis obras ya instaladas:

Yo sé que no voy a vender ninguno de tus montajes.
Esta exposición la hago para abrirle los ojos a mis clientes.

Esa vena pedagógica en un galerista me emocionó.

Y me hizo reflexionar:
Si lo sé no vengo (ni yo ni mis piezas, qué carajo) que se meta por el culo su visión pedagógica. ¿Qué se cree este, que yo vivo de la fortuna familiar?
¿Cual se cree este tipo que es su trabajo? ¿Vender salchichas?
Coño, si eres un galerista muevete, convence, vende mis piezas.

De manera que con esta visión de futuro (y estos galeristas spanish style)... me deprimí.
Bastante.

No solo dejé de crear -durante largo período de tiempo- sino que dejé de ir a las inauguraciones.
Ea.

Que se jodan los galeristas.

Después estuve tres años trabajando de maquetador en una revista, para recuperarme de mi depresión. Un día, al levantarme por la mañana para ir a trabajar, desperté:

¿Pero que coño estás haciendo con tu vida? ¡Tú eres un artista!

Que se jodan los editores de revistas.

Ese día no fuí a trabajar... y no volví nunca más.

Que le den por el culo a los quince días de aviso.
Qué me lleven a la cárcel por no cumplirlos.

Lo que hice fué ir a una de mis tiendas favoritas.
Me compré un caballete (uno bueno, de los verticales, nada de mariconadas para principiantes), tubos de óleo, unos pinceles y me fuí a mi casa. En ese momento solo tenía algo claro:

Voy a aprender a pintar.

(Pero eso es otra historia... Como dice el tabernero bigotudo en Irma La Dulce... )

 



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