15 julio 2005

camille corot en madrid



Corot no fué precisamente un bohemio. La fortuna familiar le permitió no solo ingresar como aprendiz en talleres prestigiosos siendo todavía muy joven, sino hacer el llamado grand tour, recorrer Italia pintando sus ruinas y palacios, empapandose de la cultura clásica y renacentista, durante largo tiempo.
A su vuelta ya es un paisajista muy hábil que no solo ha perfeccionado su técnica pintando la naturaleza, sino que embebido de las historias mitológicas, sorprende introduciendo personajes, al principio diminutos, casi como justificación para poner títulos a sus obras, pero que con el tiempo irán cobrando importancia y vigor, hasta llegar en su madurez a conseguir hermosos retratos femeninos situados en interiores, mujeres delante de un caballete, languidas, observando sus propios cuadros.

Los cuadros de Corot son algo especial.
Transmiten aire, espacio, temperatura.
A pesar de ser un pintor de academia, muy próximo a las modas de su tiempo, tanto en la temática como en la factura, no se libró de ser criticado por los ortodoxos de su tiempo.
En esa época (mediados del XIX) los críticos comentaban la pincelada, la fidelidad en las representaciones, escribían sobre el acabado, las proporciones, no hablaban de tensiones de las lineas en el espacio, ni de rotundidades cósmicas, como hoy en día.
O sea que, aunque como hoy, el de los críticos
fuera un oficio de artistas frustrados, me temo que sabían de lo que hablaban, conocían la técnica, no llenaban las páginas de los periódicos con citas filosóficas inútiles para justificar su ignorancia. Sabían de pintura.
Eran otros tiempos, desde luego, seguramente los últimos
años, en los que todavía, el arte era un asunto de elaboración concienzuda, de trabajo arduo, de muchas horas de taller.

Si hoy en día al abrir un periódico por sus páginas de arte ves que la crítica a una exposición comienza con una cita, entrecomillada o no, del tipo como decía... tal o cual pensador, filósofo, historiador, poeta o novelista, te garantizo que el crítico no entendió nada de lo que ha visto, no se quiere pillar los dedos y sobre todo tiene que llenar las treinta y cinco lineas de rigor antes de las cuatro y media.
Si el artículo contiene más de tres citas de este tipo, el crítico solamente ha visto el catálogo que le han mandado por mensajero.
Y si las citas son más de cinco es que el galerista le ha contado la exposición por teléfono.


Un crítico llegó a decir que cuando Corot pintaba cuerpos de mujeres, (una de
sus bacantes más hermosa está en esta exposición), las modelos parecían sucias, simplemente por el hecho de que no pintaba la carne humana con esos tonos rosaceos, falsamente saludables, de los pintores pompier que en esta época eran lo más de lo más de lo más.

Pero no todas las críticas eran tan demoledoras:
El emperador Napoleón III, que tenía en su colección varios corots, comentó delante de uno de sus cuadros expuestos en el Salón de Otoño:

"Nunca me levanto lo bastante temprano como para entender los cuadros de Corot"

 



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